Cuando me dijeron que sería un día divertido, rodeado de niños y niñas, de adolescentes y con muchas actividades por delante pensé que acabaría con un dolor de espalda de esos que hacen olvidar el de muelas. Sin embargo, mi sorpresa superó la curiosidad que la precedía.

Al llegar allí, ya habían empezado las actividades. Los chicos y chicas estaban mezclados y reunidos en diferentes grupos, realizando las pruebas que en cada caso les correspondían. Habían creado su propio programa de Pasapalabra y su particular versión de Master Chef, así como muchas más pruebas en las que la diversión estaba asegurada.

Los monitores, que ya entre ellos mismos solo hablaban inglés, hacían lo propio con los alumnos, y éstos, no solo respondían en el inglés, sino que lo hacían con holgada soltura.

Al ver esa facilidad de comunicación, esa naturalidad y cómo se divertían entendí porqué funciona tan bien la metodología de Ocidiomes. El ocio y la diversión son la mejor cuchara para alimentar el saber.

Para mi es como hablar en mi idioma, me salen la palabras y ya está” me decía un chica al terminar una de las pruebas en el Pasapalabra, “¿Tú sabes inglés?” me preguntó y, por mucho que quisiera decir que si, tuve que rendirme ante la evidencia de que no. Era mejor ser coherente que descubrirme al no saber qué responder a sus preguntas… en inglés, que la vi venir.

Me salí por la tangente y pregunté a otros alumnos que allí estaban realizando unas carreras por parejas, que si turn on the right, que si on the left , que si pass under the rope y así hasta terminar la prueba entre risas.

A mi pregunta de ¿cómo usas el inglés en tu día a día? ellos respondieron: “Yo veo las películas en versión original, son mucho mejores que traducidas”, “Yo estoy leyendo un libro, en inglés, y se lo cuento luego a mi hermano pequeño” y un grito de alegria de “Me voy a Cambridge, ¿te parece poco?”.

Nunca es tarde para aprender un idioma, pero si lo haces pronto, siempre llegarás más lejos. Está claro.